Años después llegó Kiara.
Con apenas cuatro meses de edad, también enfrentaba una realidad difícil.
Había sido abandonada en Santiago.
Al igual que Dana, conoció demasiado pronto lo que significa sentirse sola y vulnerable.
Sin embargo, detrás de esos ojos llenos de incertidumbre había una perrita llena de energía, ternura y ganas de volver a confiar.
Cuando Kiara llegó a nuestra familia, algo cambió.
Su alegría, curiosidad y forma de ver el mundo nos recordó que incluso después de las experiencias más difíciles siempre existe espacio para comenzar de nuevo.
Hoy Kiara tiene 3 años y llena cada rincón de nuestra casa con su personalidad única, su cariño y esa felicidad contagiosa que solo quienes aman a los animales pueden entender.
Ella nos enseñó que las heridas pueden sanar cuando existe amor.